Una suscripción que no funciona muy bien

Todo comenzó con un cargo en la tarjeta de mi señora madre sobre unas revistas que no había pedido. Y todo acabó con un año de suscripción al Muy Abochornante cubriendo el suelo de mi habitación.

Pero mejor empecemos por el principio, ¿queréis? ¿No? Pues a vuestra casa que nadie os ha pedido que leáis esto.

La semana pasada vino el papel este del banco con los últimos cargos de la tarjeta y en Noviembre y Diciembre aparecieron dos cargos que mi madre no recordaba. Una suscripción a una revista. Y ni siquiera ponía el nombre de la mencionada. Así, en plan sorpresa. Después de estar treinta minutos de reloj despotricando contra la empresa, contra todo lo malo del mundo, contra la pantera rosa y de estar repitiendo hasta la saciedad que ella no se había suscrito a nada, decidió tomar cartas en el asunto y bajó rauda al banco. Lamentablemente era viernes a las dos y media de la tarde así que con las mismas se subió a casa. El lunes por la mañana bajó a primera hora y cuando regresó, echaba humo por las orejas. Luego me di cuenta de que no, que se había puesto delante de la olla exprés y dio el efecto. Pero tenía un estupendo cabreo con el mundo en general.

….Flashback a enero de 2014….

Un día, mi madre fue a su banco a no sé qué historias y le vinieron con una promoción para suscribirse a la aclamada revista Muy Abochornante, que antes era Interesante pero ahora no publican más que mierda sin sentido. Con todo, mi madre accedió porque sabe que a mi estas cosas me gustan mucho. Y sino que os lo digan las cinco revistas del National Geographic que tengo aparcadas desde Septiembre sin leer.

Total, que 2014 ha sido un año cargado de alucinantes, que no alunizajes, aventuras sin sentido que ya habéis leído en capítulos anteriores. Además de otras historias que tengo reservadas para las ocasiones especiales en las que saco las pastas caras y la porcelana fina. Pero ni rastro de las revistas. De hecho, ha sido un rastro negativo ya que por no haber, no ha habido ni recuerdo de que mi madre se hubiera suscrito.

….De vuelta al presente perfecto de indicativo….

Cuando terminó de contarme lo sucedido, ni Yolanda ni yo dábamos crédito a lo que habíamos escuchado. Resulta que las revistas las habían estado enviando a la misma calle y mismo piso, pero diferente edificio. ¡Genial!

– ¿Pero las han devuelto o algo? – pregunté.

– ¡No! Y llevo todo el año pagándolas.

Yolanda y yo nos miramos con seriedad y asentimos con la cabeza. Sabíamos lo que había que hacer.

Nos embutimos en nuestros abrigos y nos encaminamos a la casa en cuestión que estaba a unos veinte metros de la nuestra. Nos colamos en el portal alegando ser “yo” y subimos al piso. Después de llamar al timbre y esperar unos segundos, la puerta se abrió y tras el umbral apareció una mujer de unos cuarenta años con su pareja asomada por la esquina del pasillo.

– ¿Sí? – preguntó la mujer con cara de pocos amigos.

– Hola, – empecé a decir.

Buenos días señora, somos de Encuestas o te quejas, S.A.. Famosa empresa de encuestas a domicilio de donde se obtienen las grandes estadísticas sobre la calidad del sector servicios en España.

Ole.

Queríamos hacerle unas preguntas acerca de la oferta de revistas tantos del corazón, como infantiles; de salud, y culturares que hay en nuestro país. ¿Está a gusto con ella?

La mujer, a la que no le había dado tiempo ni a pensar en cerrarnos la puerta en la cara respondió: – Pues sí, creo que hay una oferta muy grande. Mucha variedad aunque al final hablen todas de lo mismo.

 Correcto. – Yolanda había sacado un ticket del supermercado y estaba apuntando vete a saber qué con un boli reseco. – ¿Está usted suscrita a alguna revista actualmente?

Al otro lado de la puerta, la mujer miró a su marido que seguía asomado como una cabeza flotando en mitad de la pared. – Pues no, ahora mismo no.

Yolanda sacó su teléfono y trasteó entre las notas y los mensajes. – Qué raro…según nuestro informe de familias, aquí pone que tienen una suscripción. – Me miró con una nota de cabreo en la cara y me dijo: – Ay que ver, los de recogida de datos familiares no hacen más que meter la pata.

Sonrió a la mujer, quien se mostraba un tanto nerviosa y tamborileaba los pies contra el parquet.

Sólo una pregunta más y le dejamos en paz. – La señora respiró un tanto aliviada. – ¿Le han gustado las 12 revistas del Muy Abochornante que ha recibido durante todo el año? ¿Algún artículo interesante que quiera destacar? Y más importante aún, ¿no ha pensado en ningún momento en darnos las gracias? No sé, por pagárselas y eso.

La cara de la mujer se volvió de color blanco nieve y al fondo del pasillo se oyó una risotada que decía: – ¡Te dije que te iban a pillar!  

Así que volvimos a casa con una caja llena de revistas que nos van a durar una larga temporada. Pero por lo menos nos hemos vengado y la mujer esa se lo va a pensar dos veces antes de robar correspondencia ajena.

Ale.

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