El dinero

En una agradable tarde de Agosto…se me estropeó la tarjeta de débito. Porque hay que ser correctos, es de débito y punto. Es lo que tiene tener un teléfono con carcasa poderosa (o imán) que jode todo lo magnético que haya alrededor. Y claro, no podía sacar el poco dinero que me queda en mi cuenta, ya que el dinero que gano en YouTube está en una cuenta privada en las Caimanes. Pero esa es otra historia.

Casualmente era fin de semana, así que tuve que esperar hasta el lunes siguiente para ir al banco. No pasó nada reseñable durante esos dos días.

Cuando llegó el día laboral, Yolanda y yo nos encaminamos al banco. Sabíamos que habría un porrón de gente así que no hicimos más planes para la mañana. Efectivamente el banco estaba hasta la bandera, pero por fortuna, la inmensa cola que había no era la nuestra sino la que se dirigía a la caja. Nosotras debíamos ir a la de atención personalizada donde sólo había un señor esperando. Míster banquero estaba atendiendo a una señora así que calculé que en veinte minutos estaríamos fuera del local.

Mec. Error.

Treinta minutazos después aún seguíamos el afable señor de bigote y nosotras, con quien compartíamos tímidas sonrisas de empatía a modo de consuelo por estar tanto rato esperando.

Joder, es que ni para hacer un testamento se tarda tanto. – masculló Yolanda.

– Ya sabes que hay gente muy torpe. – murmuré a modo de respuesta. – No olvides que a mí se me ha roto la tarjeta por culpa del móvil.

Ya, pero tú juegas en otra liga Blanca.

Diez minutos después, la cola que antes era kilométrica había desaparecido y en el banco sólo quedábamos nosotros tres esperando. El pobre hombre se había leído el periódico de cabo a rabo y del revés. Miré de nuevo al reloj del banco que parecía haberse detenido y había empezado a girar hacia atrás. De pronto, Yolanda me dio un suave codazo para llamar mi atención y dirigí la mirada hacia la señora y el banquero pensando que ya habrían terminado de hacer las gestiones necesarias.

No creo…

 Me quité los cascos y escuché con atención la conversación pero no conseguí sacar nada en claro.

– ¿Qué dicen?

Yolanda se llevó los dedos a las sienes y se las frotó con calma. Algo raro en ella.

Le está explicando cómo funciona el dinero.

Solté una risita aspirada pensando que Yolanda me tomaba el pelo. Pero no, al parecer estaba en lo cierto.

– No creo tía.

Te lo juro. Sino no sé qué le está llevando tanto tiempo.

En ese momento, la señora hizo un amago de levantarse y tanto el señor como nosotras estuvimos a punto de hacer la ola. Pero la mujer sólo estaba recolocando su trasero. A ver, pobre, estar cuarenta y cinco minutos ahí sentada cansa. No tanto como estar cuarenta y cinco minutos de pie, pero casi.

Pasaron otros diez minutos y la paciencia de Yolanda llegó a su fin. Se acercó a grandes zancadas a la mesa del banquero, se sentó en la silla de al lado y tomó las manos de la mujer.

­- A ver mujer, que no se entera. – se sacó unas monedas y un billete del bolsillo. – Esto es dinero, sirve para intercambiarlo por bienes y servicios. Ya sé que le va a costar mucho entenderlo y olvidar su mentalidad de trueque. Pero imagínese que este billete es su cabra y que esa moneda es uno de los huevos que pone su gallina. Los tiempos han cambiado, es una lata ir con las vacas y las cabras por la calle para intercambiarlas por madera y paja para su cobertizo. Lo sé, a mí también me dolió cuando me enteré pero no dejan montar a las cabras en el autobús. Así que vaya acostumbrándose.

El banquero lanzó una mirada de desaprobación eterna a Yolanda mientras que la mujer le miraba con los ojos desorbitados, sin dar crédito a lo que oía.

A día de hoy no sé si es por la humillación de que una loca le estuviese vacilando o que realmente estaba haciéndose a la idea de que ya no podría intercambiar a Stacy, su querida vaca lechera, por harina, huevos, ropa y betún.

Huelga decir que nos tocó ir a otra sucursal del banco porque el banquero, muy repipi él, se negó a atendernos. Pero eso sí, el señor del bigote aplaudió a Yolanda con énfasis cuando salimos.

Feliz día.

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