El carrito de la biblioteca

¿Sabéis por qué la gente ya no va a la biblioteca? Por la fauna que trabaja allí. Ale, ya lo he dicho. No es ni por el poco interés por leer, ni porque siempre esté cerrada. Es por los bibliotecarios de los huevos.

Si yo fuera bibliotecaria me lo pasaría teta. Imagina todos esos libros desordenados esperando ser colocados.

Sí bueno, lo de que tienes una obsesión por los libros ordenados lo discutimos otro día, mejor. Ahora vamos a contarles a nuestros amiguitos por qué ya no somos amigas de la biblioteca.

Bueno, va.

Pues resulta que Yolanda y yo nos íbamos de paseo a un barrio que está en el culo del mundo y del que ya hablaremos otro día. A mitad de camino se encontraba la biblioteca en la que años atrás nos habíamos quedado horas y horas todas las mañanas en busca de buena mercancía para leer. Evidentemente nos metimos a perder un poco el tiempo a ver si encontrábamos cómics o algo guay. Porque claro, tener como veinte libros esperando para ser leídos nos la trae bastante floja.

Evectiviwonder.

Pues allí que nos metimos. Primero nos fuimos directas a la sección de cómics de Marvel para ver si había algo chulesco que coger. Nein. Después de dejarnos el cuello torciéndolo para leer los títulos, a la amiga se le ocurrió usar esos majestuosos ordenadores para buscar lo que queríamos. ¡Y bingo! Resulta que sí que tenían lo que buscábamos, pero en la sección infantil. ¿Y por qué hay cómics de Marvel en la sección de adultos y también en la de niños? Buena pregunta, creo que es porque en esa biblioteca en particular siguen las reglas de la termodinámica.

Total, que fuimos para allí…

¿Quién está contando la historia?

Og hija, es que quieres contar hasta el mínimo detalle. ¡Pesada!

Vale.

El caso es que allí tampoco estaba. Y ya nos estábamos rallando. Porque si el ordenador dice que está es porque está, ¿no? ¿Qué necesidad hay de mentir?

Me imagino a un montón de peña en los ordenadores metiendo datos falsos en plan: “se van a volver locos buscando, MUHAHAAHHAAH”.

Sí…fuimos a preguntar a la encargada de la zona infantil sobre la desaparición del cómic. Y la mujer, una señora de mediana edad, amablemente nos acompañó a la estantería y lo buscó sin éxito.

– Me temo que si no está es que se ha perdido al cambiarlo de sitio. Porque lo devolvieron en 2011 así que tendría que estar. Lo lamento mucho. Pero bueno, gracias por avisar porque así lo quitamos de la base de datos.

Un encanto de señora vaya. Un poco chafadas, fuimos a buscar el otro cómic que estaba en la sección de adultos. Pero como ya sabíamos que no estaba fuimos directamente a comentárselo a la encargada de ese área. La mujer por poco nos mandó a la mierda con un “si no está ahí es que no está”.

– ¿Y no puede ser que lo hayan devuelto hace poco y esté en el carrito aún? – pregunté tímidamente.

La mujer pestañeó un par de veces mirándome con cara de estúpida y finalmente me dijo: – Pues puede ser, pero no lo creo. – Como si mi idea fuese totalmente descabellada. – Si te hace ilusión, baja a la primera planta y pregunta allí.

Cómo les jode cuando alguien hace mejor su trabajo.

Totalmente de acuerdo. Bajamos a la mesa donde llevan lo de sacar y devolver los libros y le preguntamos a una simpática trabajadora.

– Perdone, estamos buscando un cómic. – mal, porque en el momento en que ven a dos “adultas” en busca de algo que es “para niños” se les peta la cabeza. – Y su compañera nos ha dicho que puede estar en el carrito de las devoluciones. – mentira cochina.

La funcionaria me miró por encima de las gafas horteras y con un bufido se giró lentamente hacia el carrito. Le pegó un repaso con la mirada y se volvió hacia mí.

– Podría ser, pero aunque así fuera no te lo puedo dar.

– Vaya, ¿por qué?

– Porque no.

Y ya está. Y te callas y no hablas más.

– Ah…pues…¿podría al menos mirar si está ahí para pasarme dentro de un rato a ver si lo han colocado ya?

Eso fue lo que dije yo. Lo que la mujer pareció oír fue: – Mira a ver si está ahí para que, cuando os apetezca hacer vuestro trabajo, pueda cogerlo.

Y claro, así no. La taciturna mujer volvió a mirarme, era igual que una tortuga. No miento.

– Podría…pero no lo voy a hacer.

Me jodió la vida porque podía ver desde el mostrador que había tres cómics en el carrito pero sólo veía la portada de uno de ellos.

¿Pero por qué no?

– No puedo.

Pero si no nos lo vamos a llevar, nos ha quedado claro. Sólo queremos saber si está o si es otro cómic perdido en el agujero negro de cambiar las cosas de sitio.

– No puedo.

– ¡Oh por Dios! ¡Mujer! ¿Qué pasa si tocas el carro? ¿La arquitectura de este puñetero sitio depende de la integridad del carro? ¿Se caerá el cielo sobre nosotros? ¡¡Contéstame, mujer!!

La mujer nos miró durante unos segundos que parecieron eternos. El hall de la biblioteca se sumía en un intenso silencio. Empleados y ciudadanos nos miraban atónitos. Imagínate, habíamos osado gritar en una biblioteca.

 

 El concurso de miradas duró lo que parecieron siglos hasta que finalmente la mujer conjuró una frase.

– Seguridad.

Y por eso ya no nos dejan entrar en ninguna biblioteca municipal.

Pero lo que más nos duele es saber que estaremos toda la vida con la duda de si el cómic que queríamos estaba en el carrito.

Og.

Eso digo yo, Yolanda. Og.

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