Jerónima

A riesgo de quedar eternamente mal con los de mi clase de la facultad, os relataré a continuación la maravillosa historia de la tía que no sabía cuándo callarse. Y por primera vez, no se trata de Yolanda.

Día 16 de junio, 23.34 horas. Temperatura…no me acuerdo. Pero estábamos en la biblioteca del campus así que mucho calor compensado con ráfagas del ártico salidas del aire acondicionado cada veinte minutos. A sólo 5 días de la graduación, todos teníamos los nervios a flor de piel.

Por el grupo de Whatsapp (empezamos bien) de clase, se estaba discutiendo sobre la posibilidad de tener barra libre después de la cena. Algunos pretendían votar y lo que saliese por mayoría. Entonces Yolanda, la defensora del pueblo hizo acto de presencia y se dispuso a dar la charla:

– Siento aguaros la fiesta pero no creo que en esta situación sirva la mayoría. Tened en cuenta que pretendéis obligar a gente que no bebe alcohol por voluntad propia a beber.

Rápidamente la gente que no bebe se sumó a su afirmación e incluso compañeros de clase sensatos y con dos dedos de frente le dieron la razón.

Pero claro, en todos los grupos hay un tonto. Y en este caso, la protagonista de la noche fue una chica que nunca sabe cuándo dejar de hablar.

– Pues ale Godofreda (la chica que se encargaba de organizar la cena), diles a los del restaurante que sólo agua del grifo que no bebemos alcohol. Jaja.

Estad pendientes del “jaja” porque es el nuevo “xD”. Ya sabéis, “qué puta eres, xD”. Ah vale, si lleva xD es bromis. No pasa nada.

Algunos lo tomamos como una broma y una chica le aclaró que en la cena habría vino. A lo que la susodicha lumbreras, llamémosla Jerónima replicó:

– Por eso lo digo, que quiten el vino y pongan agua porque el vino es alcohol. Jaja.

De nuevo el “jaja” de la discordia.

La gente de clase ya empezó a entender por dónde iban los tiros y rápidamente comenzaron a comentar que como broma estaba bien pero que valía la bobada. Jerónima, en su afán de protagonismo y derrochando la baza de los “jaja” continuó. – Si somos todos tan sanos que no bebemos, pues no se pone ni vino. Jaja.

En eso momento la cosa se fue de manos porque la gente ya comprendió que la tía no estaba bromeando y comenzaron a defender la postura inicial de que nadie podía obligar a otra persona a hacer algo que no quiere. Después de comentarios y comentarios infinitos en el chat, el único mensaje que apareció de Jerónima fue el siguiente:

“Jerónima ha abandonado el grupo”

Creo que fue en ese momento en el que Yolanda soltó una carcajada que casi nos cuesta la estancia en la biblioteca.

– Menuda imbécil.

– Oye tía, un respeto. No sabe cuándo callarse y se le ha ido de las manos. Ya está.

Ya, ¿y se va? ¿Tiene cinco años o qué le pasa?

– Mira, que haga lo que quiera. Mejor, así no da la lata.

Es que es tontísima, no me jodas.

– Oye, tampoco le insultes. Necesita madurar.

– Lo que necesita es no ser tan boca buzón.

– …Pues sí. ¿Para qué te voy a engañar?

Y a continuación llegaron los de seguridad y nos invitaron a estudiar en nuestra casa. Porque claro, en la biblioteca no se habla. Y menos a gritos.

Pero no os preocupéis chicos, no nos han vetado la entrada de por vida. Ah, y Jerónima volvió al grupo días después. Que sé que luego os sentís mal si hay un final triste.

Oh, una cosa más. Yolanda quiere pedir disculpas por no subir capítulos nuevos desde el Cretácico Tardío pero dice que se metió en el metro de Madrid y ha estado vagando por las estaciones desde entonces.

Un besi.

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