Thelma y Louise

Que el título del capítulo no os despiste. No hemos robado ningún coche y nos hemos dado a la fuga. Que va, de hecho, fue todo lo contrario.

Íbamos Yolanda y yo tranquilamente por la calle, paseando, hablando de nuestras cosas, viendo a los infantes y prepúberes salir del colegio. Porque nosotras, como lozanas universitarias sin clase los viernes, preferimos emplear el día en cosas de jóvenes, como visitar el museo de la ciencia. Porque sí, oye.

Después de nuestra excursión intelectual, decidimos irnos a comer por ahí, aprovechando que no había mucha gente por la calle. Sólo nos quedaba atravesar una plaza para llegar al local de comida y Yolanda iba hablándome de sus teorías conspiratorias, para variar. No, en realidad se estaba quejando de algo.

Para variar.

Del otro lado de la plaza venía una señora mayor, llamémosla Thelma, con un carrito de la compra, llamémosle Lousie. Iba directa hacia nosotras en una línea totalmente recta. No me hizo falta hacer ningún cálculo mental relacionando la distancia, la velocidad y la trayectoria para saber que colisionaríamos. Así que avisé a Yolanda para que la esquivara.

Y lo hizo.

Pero la señora recalculó rápidamente ruta y se desvió un poquito hacia la derecha. Lo justo para pasar soplándole la nuca a Yolanda. No hubiera sido para tanto si la señora hubiera ido ella sola, pero como dije antes, iba con un carrito de la compra.

A ver, os lo voy a escenificar.

 

yolanda señora 2 yolanda señora

 

Simple, ¿no? Básicamente el carrito arrolló la pierna de Yolanda, quien experimento varias sensaciones y emociones a la vez. Pasó del infarto, al dolor silencioso al alarido de rabia y repetir.

– ¿Qué ha pasado? Dios, cómo duele. ¡JODER, CÓMO DUELE! Tía, ¿qué leches ha pasado?

-Al parecer la señora esa te ha arrollado con su mercancías.

Nos dimos la vuelta para ver si la señora se había parado. Negativo. La mujer seguía con la ruta establecida y nada ni nadie la iba a detener. Ni siquiera tuvo el decoro de darse la vuelta y pedir disculpas. Ni siquiera hacer el saludo de “me la sopla pero así quedo bien” que tan ensayado tienen los conductores del mundo. Nada.

¡Señora, estoy bien! ¡No se preocupe por mí! ¿Su carrito está bien? No, lo digo porque la esquina está aquí, incrustada en mi muslo y no quisiera yo que le pasara nada a su puto carro. –  Y ahí se le fue la olla. – ¡Sí, le digo a usted! ¡Loca de las pelotas! ¡Que va por la calle como si le perteneciese! ¡LOCA, QUE ESTÁ USTED LOCA!

Toda la plaza se volvió para mirar, pero la señora continuó, ignorante de la situación. Allí que se fue, rumbo al horizonte, hacia nuevas personas a las que atropellar sin piedad. De ahí el título, ya sabéis…porque se dio a la fuga…y

Creo que lo han entendido.

Vale.

Que os parecerá una tontería y todo lo que queráis, pero a Yolanda le salió un moratón en la pierna. Esa señora no venía del mercado, venía de la plaza de BASTOS. Porque como poco llevaba piedras ahí dentro.

Ale, a pasarlo bien. Cuidarse.

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