La Carrera

Y como si fuese un regalo del cielo, tuvimos un golpe de suerte.

10 minutos antes

– Madre mía, espero no llegar tarde. – el ascensor comenzó su descenso desde las puertas del Olimpo.

Nuestro compañero de piso (llamémosle Roger McOg) nos miró con ojos tranquilos. – No te preocupes, si sale a y media, llegamos de sobra. Vamos, si todo va bien.

Yolanda le miró con los ojos como platos y yo le tapé la boca. – ¿Qué has hecho, you fool?

Roger McOg me quitó las manos de su cara y me miró extrañado. – ¿Qué? ¿Se os ha olvidado algo?

Peor…has dicho lo que nunca se debe decir.

– ¿El qué? ¿”Si todo va bien”? Hombre, es que no tiene por qué pasar nada. Vamos, malo será.

Yolanda se llevó las manos a la cabeza y ahogó un grito de frustración.

– Tío, para. En serio, con estas cosas no se juegan.

El ascensor llegó a la planta baja y los tres salimos a paso ligero.

– No me digas que sois supersticiosa. Vamos hombre, si te he visto abrir un paragüas dentro de casa y reírte de Camomila McTetitas cuando tiró la sal por el suelo y empezó a llorar.

Abrí la puerta de la calle y me dirigí hacia el descampado donde Roger McOg tenía el coche aparcado. – No es ser supersticioso tío. Explícaselo tú, Yolanda.

La mentada se adelantó y se agarró del brazo de Roger con fuerza. Con la otra mano, hizo aspavientos en el aire para darle un toque místico. – Tío, la fuerza, te oye… – Roger le miró con cierta mueca de repugnancia pero Yolanda no se dio por enterada y continuó. – Una cosa es pasar debajo de una escalera y otra muy diferente es tentar a la suerte. No puedes ir por la vida como que todo te va a salir bien y a la primera. Nooooo….Eso les enfurece.

¿A quién? ¿De qué narices hablas, tarada?

Miré a Roger McOg con seriedad. – ¿Sabes? Yo solía ser una escéptica como tú. Me reía a todas horas de las “idas de olla” de Yolanda. Hasta que la vida me abofeteó en toda la cara, con un tractor, con elefantes en las ruedas.

Roger suspiró hastiado y se acercó a su coche.

7 minutos

– Vaya. – dijo Roger contrariado.

Le miré en silencio.

– No me funciona el mando del coche. No me digas que no tiene batería.

Yolanda gritó un exabrupto y yo me empecé a poner nerviosa. Ese maldito coche tenía un largo historial de “no me digas que no tiene batería”. Roger abrió el coche a lo tradicional e intentó arrancarlo. Nada.

Sin decir nada, echó a correr en dirección a un bar para pedir ayuda. Sin siquiera pensarlo, Yolanda y yo echamos a correr detrás de él gritando como locas que cogeríamos un taxi. Saqué el teléfono del bolsillo y mientras corría, marqué de mala manera el número de la compañía.

Sin señal.

Angustiada, volví a intentarlo y esta vez conseguí que me lo cogieran. Por suerte para mí (no), me atendió la paisana más lenta de la galaxia que tardó casi un minuto en entender que quería taxi. A lo mejor se pensaba que quería saber cómo estaba. Así, por conocernos más.

4 minutos

Por fin llegó el taxi y Yolanda se tiró, literalmente, dentro del taxi. La seguí como una exhalación y señalé al horizonte.

– ¡Rápido! A la estación de autobuses a la velocidad de la luz.

– ¿A la velocidad de la luz? No sé si lo conseguiré, pero lo intento. – por suerte el conductor era un señor más majo que el pan. – ¿A qué hora os sale el bus?

– A las 12.30.

– Felicidades, son las 12.30.

Og.

Aun así, el hombre se dio toda la prisa que las normas de velocidad le permitieron. Pero los dos camiones que teníamos delante no ayudaron demasiado.

1 minuto

Le arrojé el billete prácticamente a la cara. Le hice una reverencia agradecida mientras abandonábamos el vehículo y corríamos hacia el andén.

Autocar arrancando

Yolanda se impactó contra el cristal de la puerta, con la nariz aplastada en el vidrio y arañó la superficie. – ¡DÉJENOS ENTRAR!

¿Qué tal un poco de ayuda visual?

 

Sinceramente, si yo hubiera sido el conductor, hubiera salido de allí cagando leches.

Pero al final lo conseguimos. Quiero decir, llegamos sudando, rojas, casi llorando del sufrimiento, pero lo conseguimos.

¡Lo conseguimos!

Ja, una pequeña victoria para el equipo Bocazas.

Yolanda y Blanca 1 – Universo 24596

¡Ja!

 

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