Discrección

Allí me hallaba yo, de charla en una cafetería con unos amigos. Inocentemente, sin hacer daño a nadie, ni cotilleando, ni malmetiendo. Que mira que es difícil.

Pues nada oye, que me ha debido mirar un tuerto porque lo que pasó esa tarde es de jurado de guardia. O al menos de comedia americana.

La cosa fue así: como he dicho, estaba con dos amigos tomando algo (una muy buena amiga y un tuercebotas que no es amigo ni es nada, pero sino luego me enrrollo y blablablá) y preparando unas cosillas de los scouts. Por supuesto, entre nosotros se encontraba la sempiterna Yolanda. Y digo “entre nosotros” porque literalmente estaba entre nosotros. Si no se pone en el puto medio no es feliz.

En la cafetería trabajaba el hermano de mi amiga, que por cierto, está cañón y era el lugar de reunión de estudiantes de Enfermería y Medicina. Yo, ignorante de mí, no pensé que no se alinearían los planetas para que pasase lo imposible. Cuando sólo llevábamos quince minutos sentados, apareció por la puerta ni más ni menos que mi némesis, mi archirrival, mi contraria de la vida.

En realidad, sólo es otra tuercebotas que iba conmigo al instituto. Le llamo “mi némesis” porque aparentemente estuvimos compitiendo por ser las mejores de clase y a mí jamás se me informó del asunto. En fin, que era una lameculos soberbia y repelente a la que la vida le puso en su sitio porque ella siempre decía que iba a hacer Medicina ya que “la Enfermería es para los idiotas que no han conseguido entrar en Medicina”. Sorpresa, sorpresa, no le dio la nota de Selectividad y acabó en Enfermería. Bendita Ironía. Te castigó Zeus por bruja.

Antes de mojarnos de lleno, os explicaré algo de vital importancia: la arquitectura del local. Es una cafetería por debajo del nivel del suelo por lo que para entrar tienes que bajar unas escaleras. Nosotros estábamos en una mesa situada al lado de las escaleras por lo que la chica no me vio al entrar pero yo a ella sí.

Como os veo cortos de imaginación, voy a ayudar a vuestras sufridas entendederas con este magnífico esquema digno de Botticelli.

yolanda 11

Total, que ella iba con, la que supongo que es, gente de su clase y se pusieron a pedir en la barra. Si yo fuera una persona normal y en sus cabales, probablemente hubiera maldecido en voz baja y hubiera escondido mi cara detrás del vaso o con mi propia mano. Pero como no lo soy, hice lo primero que se me pasó por la cabeza: esconderme debajo de la mesa con un grácil deslizamiento desde la silla al suelo. Cual culebra dominguera.

Sí, ahora son los jajas y demás, pero en el momento fue como, aquí está Blanca y 0,1 segundos después ha desaparecido. Claro, como no avisé de mi jugada, mis amigos en vez de quedarse calladitos empezaron a llamarme a grito pelado como si les fuera la vida en ello. Irremediablemente la petarda se dio la vuelta y me vio de lleno en el suelo. Rápidamente me dejé la cabeza contra la mesa al levantarme, y me acerqué a ella como si hubiera estado buscando champiñones en el suelo de la cafetería.

– Oh, vaya, Jacinta (por ejemplo). Cuanto tiempo, ¿qué tal? ¿Qué es de tu vida? ¿Y tu familia? ¿El novio? Que guay verte, tía. Que ilusión, que todo. Que bien.

Porque yo soy así, cuando me pongo nerviosa soy súper amable.

Todo iba bastante normal porque aparte de ser una petarda, la chavala también era un poco cortica, pero claro, tuvo que aparecer la otra.

– Hombre, culo lava. Cuánto tiempo.

¿Cómo? – preguntó Jacinta.

Yo tapé rápidamente la boca a Yolanda y me excusé alegando paranoia y tara mental.

– Nada, nada, tonterías suyas.

Yolanda me mordió, porque la muy zorra muerde que te pasas, y siguió saludando.

– ¿Qué tal todo? Ya nos enteramos del hachazo. ¿Qué tal tu vida de “fracasada que no ha llegado a Medicina? 

– Pues muy bien, la verdad. He descubierto que es la pasión de mi vida y que me encanta, además [inserte aquí discurso barato de 10 minutos].

Sí, sí, sí. No te he pedido que me cuentes tu vida.

– ¡Yolanda!

– No te preocupes, Blanca. ¿Y qué tal vosotras? Porque yo, y yo, y solamente yo, y yo otra vez.

A todo esto Yolanda bostezó como león del Serengeti a las 4 de la tarde viendo Saber y Ganar. – Me quedaría a escuchar, de verdad que sí, pero tu condescendencia me aburre fuertemente. Ale, A fregar.

Después no tengo muy claro qué pasó. Jacinta se quedó clavada en medio de la cafetería, Yolanda se comió todo el plato de patatas fritas de la mesa vecina (delante de los consumidores, por supuesto), mis amigos fliparon pepinillos y yo me volví religiosamente a donde pertenecía y de donde nunca debí haber salido: bajo la mesa.

Pasen ustedes una buena velada.

Anuncios

One thought on “Discrección

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s