Martes y 13

¿Alguna vez os habéis encontrado con alguien más corto que las mangas de un chaleco? En plan: ¿qué te pasa en el cerebro?

Había una chica (llamémosle Gertrudis) en mi instituto que gozaba de la exquisita capacidad para no entender jamás nada. Ni el sarcasmo, ni los chistes, ni los juegos de palabras, ni esas pequeñas cosas que hacen que la vida sea más divertida. Como que te venga un piojo de 1º de la ESO en la cafetería y te diga, a ti, moza de 2º de Bachillerato: “Quita, niña, que me te cuelas”. (Es verídico, Yolanda le arreó tal patada a aquel muchacho de metro cuarenta que a día de hoy debe estar aterrizando en la 3ª luna de Plutón). Pero en fin, que no es eso de lo que vengo a hablar.

Lo guay de esa chica era esa, como he dicho, “capacidad” para ser cortica. Y como Yolanda es una gran hija de puta, se aprovechaba de ello todos los días. Pero un día fue el acabose de la inocencia. Íbamos las tres de camino a clase cuando Yolanda frenó en seco y echó mano de sus dotes teatrales puramente dramáticas.

Oh dios mío. – dijo con un tono seco y lúgubre.

La chica y yo nos paramos y le miramos con asombro.

– ¿Qué pasa? – preguntó Gertrudis.

Acabo de darme cuenta de una cosa. Este año Nochevieja cae en Martes y 13.

Yo abrí los ojos como platos y me paré a recapacitar. Podía seguirle el rollo o pasar del tema. Opté por lo más sencillo.

– Menuda payasada. – y cogí y seguí mi camino hacia el instituto.

En cambio Gertrudis se acercó más a Yolanda con actitud desesperada.

– ¿Cómo? ¿Martes y 13? Pero, no puede ser. ¡Qué mala suerte!

“Mala suerte la de tus neuronas que no hacen contacto”, pensé.

¿Verdad? Joder, seguro que pasa algo. Joder. Joder. Joder. Que mal.

Yo decidí pasar del tema porque me daba penilla que se riera de la pobre muchacha. A ver, era lunes, 7.30 de la mañana…hasta yo habría picado. Dejé atrás al par de dos mientras barruntaban sobre el destino del planeta cuando el año se acabara en Martes y 13.

No pasó nada interesante en el resto del día.

Fin.

Algún día me cansaré de hacer esto.

Pero no será hoy.

Sigamos, al día siguiente íbamos de nuevo por la misma ruta en busca de Gertrudis. Yo andaba perdida en mis pensamientos como “quién cogiera la cama ahora mismo” y “por favor que hayan dado la calefacción en clase”. Cuando nos encontramos con ella en la esquina de su calle tenía cara de pocos amigos. Señaló con el dedo a Yolanda y le mostró un calendario pequeñito de estos asquerosos de propaganda de arreglatuberías.

– Oye tú. ¡Me mentiste!

¿Ein? – Yolanda, como yo, estaba más perdida que un hijo puta el día del padre. – ¿Qué dices?

– Ayer cuando llegué a casa miré cuándo era Nochevieja. ¡Me engañaste! No es Martes y 13, cae en Jueves.

Lo único de lo que fui capaz en ese momento fue acercarme a ella y plantarle un beso silencioso en la frente.

– Que jamás te quiten este preciado don que tiene, Gertrudis. De verdad te lo digo. – y me alejé de la escena a lo John Wayne (por ejemplo).

De fondo se oían las risas de Yolanda (cosa que no gustó a los vecinos en absoluto) y los lloriqueos de la muchacha que no entendía lo que pasaba.

Ahora sí que sí.

Y por cierto, este año sí que cae en Martes y 13. Comprobadlo si queréis.

¡A pastar!

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2 thoughts on “Martes y 13

  1. Nicole dice:

    Soy una Gertrudis, he caído, fui a ver y en el preciso instante que estaba viendo las fechas, me di cuenta de mi error jajajajaja quizás sea la hora o simplemente soy idiota.
    Me encantan tus historias, eres muy divertida

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