El pollo que me cobró un jersey

¿Alguna vez habéis estado tan desubicados con una situación que habéis tenido que llamar a la policía de lo bizarro?

Yo no, pero no tenía otra manera de empezar el capítulo.

Siguiendo con la estupenda tarde en los grandes almacenes con mi madre y Yolanda, os contaré, amados lectores, otra situación curiosa que me ocurrió en la planta de moda joven.

Bien es sabido por el ser humano que los dependientes de El Corte Inglés van trajeados y con una chapita pequeñita con el logo y su nombre. ¿Todos? ¡No! Todos no. Una subespecie de la sección joven goza de libre albedrío y puede ir con otra ropa y sin chapa. ¡A lo loco!

Total, que ahí estábamos mi madre y yo, yo y mi madre, buscando un jersey para el novio de mi hermana. Un tío muy callado y tímido que según mi hermana es súper gracioso. Según Yolanda, el tío es un artista de la comedia muda. Mi madre tiene el don especial de no decidirse jamás por nada y echarme la bronca por ello. Y en esas estábamos con dos modelos de jersey diferentes. Uno granate, serio, discreto, de vestir, y otro gris, más juvenil y desenfadado.

– Blanca, decídete. El granate o el gris.

– Mamá, soy yo la que te acaba de dar las dos opciones.

– Pues decídete. – me dijo mientras me miraba expectante.

– A mí me da lo mismo, no es para mí. – repliqué encogiéndome de hombros.

– ¿Quieren que les ayude a decidirse? – preguntó una voz masculina.

Ambas nos dimos la vuelta para darnos cuenta por primera vez de la existencia de un jovenzuelo de unos treinta y mucho que al parecer llevaba ahí toda la tarde, pero habíamos preferido ignorarle del todo. Llevaba una camisa azul claro y unos pantalones beige. No placa, no nada. Ninguna de las dos se atrevió a contestar, estábamos demasiado asombradas de su repentina aparición como para reaccionar. Gracias a “inserte el nombre de su deidad preferida”, Yolanda decidió romper el hielo señalándole con el dedo.

¿Quién es este pollo? – preguntó con todo el desprecio del mundo.

Miré alarmada a la bocazas de turno y la tapé la boca.

– Perdone a mi amiga, es un poco lerda. No se preocupe, es que no nos decidimos por el modelo. – le dije sonriendo torpemente.

El dependiente, que repito, no llevaba la indumentaria adecuada, me devolvió la sonrisa y me arrancó el jersey de las manos.

– No os preocupéis. Os hago un ticket regalo y si no gusta, que lo descambie.

– Oh. – dijo mi madre. – Pues tienes razón. ¿Para qué complicarse?

Este pollo sí que sabe vender. ¡Venga esos cinco!

Yolanda alzó la mano con la intención de chocarla con el dependiente. Afortunadamente tuve los reflejos rápidos y le plaqué como si de un jugador de rugby me tratase. A día de hoy no sé si prefiero que Yolanda se hubiese humillado un pelín con la mano en el aire durante unos minutos o habernos humillado a las dos tiradas en el suelo de la sección joven.

El dependiente nos condujo hasta la caja registradora más cercana y allí se dispuso a cobrarnos el jersey. A su lado había un empleado que SÍ iba debidamente uniformado haciendo su mejor interpretación de persona que hace algo muy interesante. Pasados unos segundos, miró a su compañero y le dijo:

– Voy a la oficina a hacer unas gestiones.

O lo que es lo mismo, al baño a plantar un pino…

– ¡Yolanda!

…tan grande que podría repoblar el Amazonas.

– ¡Por favor, baja la voz!

¡DOS VECES!

Me llevé la mano a la cara con el fin de que nadie viera la extrema vergüenza que estaba pasando.

Gestiones dice…Será idiota.

Tras unos minutos de intensa agonía, el dependiente rebelde nos entregó el ticket y dobló el jersey. Nos dijo que iba a envolverlo y que en unos minutos volvería. Salió de la caja, avanzó hasta el primer pasillo entre maniquís y estantes con camisas, miró a ambos lados (deben de pasar coches por ahí o algo) y se quedó parado oteando el horizonte y reflexionando sobre su vida. Supongo. Eso o estaba buscando el sitio de envolver regalos.

Me parece a mí que este pollo no trabaja aquí…

Hombre, digo yo que su compañero el de las “gestiones”, – acompañé las comillas con los dedos – se habría enterado si una persona aleatoria se mete a la caja a cobrar un jersey.

Esto está lleno de gente rara…

Sí, empezando por ti. ¡Anda, anda! – contesté dando una suave colleja a mi amiga.

Mientras tanto, nuestro peculiar amigo parecía haberse ubicado y ya sabía dónde tenía que ir a envolver el jersey. Justamente en la dirección contraria por la que había ido. Pasó de nuevo por nuestro lado con una sonrisa y se fue al otro extremo de la sección.

¿Ves? Lo que yo decía.

– A lo mejor es su primer día.

A ño mejo es su primed día. – contestó imitándome. – Que este tío se acaba de fugar con nuestro jersey. ¡Pagado de nuestro bolsillo!

– Oye perdona, que lo ha pagado mi madre.

– ¡Detalles! ¡Meros detalles!

– Además, no digas chorradas, está detrás de esa columna. Le estoy viendo cómo envuelve el jersey.

– ¡Bah!

Al cabo de unos minutos, el no-uniformado dependiente volvió y nos entregó el jersey envuelto en ese precioso papel de regalo de El Corte Inglés, sofisticado, serio, cutre a más no poder. Nos dio las gracias por la compra, nosotras por exactamente no sé el qué, nos intercambiamos los teléfonos, nos dimos besos y abrazos y nos fuimos.

Ah, y empujé a Yolanda por las escaleras mecánicas. Pero eso ya es otra historia.

Fin y Feliz Navidad.

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6 thoughts on “El pollo que me cobró un jersey

  1. Manolo Pineda (@nedflandersado) says:

    Pobre muchacho de treinta y muchos…Si es que lo que no entiendo es cómo con todos estos años que han pasado nadie en El Corte Inglés se ha dado cuenta que un “site map” es más que necesario…Salvo que, precisamente quieran que la gente se pierda y esperan que les entre vergüenza y se lleven algo aunque sea totalmente innecesario.

  2. África says:

    Genial, he leído ambos capítulos y me gustan, Yolanda la típica persona que seriamos si hiciésemos caso a nuestra “vocecita” , espero el nuevo capitulo el lunes que viene :3

  3. Benja says:

    Acabo de leer el primero y ahora el segundo, y esto va mejorando que forma de reírme, no me importo que fueran las 3:30 de la mañana y todo el mundo durmiera, felicitaciones y espero seguir leyendo… saludos

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