La mujer que ocupaba tres estanterías.

Allí me hallaba yo, entretenida en la sección de libros de El Corte Inglés a la espera de que mi madre regresara de berrearle a una pobre señorita porque ya no recibimos el catálogo de La Semana Fantástica, catálogo indispensable para el curso de nuestras vidas.

Aburrida y hastiada del desastroso “sistema de organización” que tiene la empresa, me dirigí a mi tercera parte favorita de los grandes almacenes después de la librería y la juguetería: la sección de Vuelta al Cole. Esa estupenda sección llena de tijeras de punta redondeada, pegamento en barra y dieciocho tipos diferentes de bolígrafos con precios escandalosos.

Pero concretamente hoy quería acercarme a las estanterías donde almacenan los lienzos, pinceles y otros artículos de pintura artística. Así que allí fui. ¿Cuál fue mi sorpresa cuando vi una pequeña colección de libros de arte? Y más precisamente un libro sobre Desnudos que sostenía en ese momento una señora.

– Hum, a lo mejor tienen otro parecido. – pensé mientras me acercaba.

A pesar de mis intentos por alcanzar uno de los libros, la señora no se apartó. Después de unos segundos, me di por vencida y fui a dar una vuelta por las otras estanterías anhelando que la señora se fuese pronto.

– ¿Por qué si tiene el tamaño de un piojo ocupa la mitad de la sección? 

– ¡Yolanda! – exclamé al tiempo que giraba bruscamente para ver si la señora le había oído.

– ¿Qué? Mírala, si es una minudencia. Yo que tú volvería y discretamente la empujaría un poquito, nada, unos pares de metros nada más. Lo suficiente para mandarle a tomar por el culo. 

– ¡Yolanda!

– Yolanda, Yolanda. Eres una sosa. Lo mismo no se va en toda la tarde y te quedas sin ver esos cuerpos seductores sin ropa. 

Ignoré a mi compañera mientras examinaba un bolígrafo con una goma de borrar. Muy útil para cuando quieres romper un folio de un gomazo. Cansada de dar vueltas alrededor del mismo puesto y viendo que la señora no se marchaba, me fui de nuevo a la librería a buscar un libro en concreto.

Porque si tengo una misión en la vida es la de meterme en todas las librerías de España para comprobar que venden los mismos libros que en mi librería habitual.

Después de leer la contraportada de varios libros que ya tengo y que además, me he leído (por si han cambiado algo), decidí volver a ver si a la señora le había apetecido ya largarse de allí. Evidentemente no, allí estaba ella, cargada con más de tres libros y entre ellos mi precioso ejemplar de Desnudos.

– Tía, yo que tú emplearía la técnica del “a ver”. 

– ¿”A ver”? Suena interesante, dime más.

– Es la técnica empleada cuando te acercas a un sitio y hay alguien en el medio y disimuladamente dices “A ver” para que se de por aludido. 

– ¿Sabes? Creo que puede funcionar. A veces parece que no, pero realmente piensas.

– Uh, un casillero ordenado por colores. 

Después de ver como Yolanda se marcaba un sprint hacía el aclamado objeto de despacho yo decidí poner en marcha la famosa técnica. Con sigilo me acerqué a la señora, estaba tan cerca de ella que casi podía oír como hacía el intercambio gaseoso en sus pulmones.

– A ver… – canturreé muy cerca de su oído.

Lamentablemente sufro de bajitis vocal. Una terrible enfermedad que me impide ser oída por personas mayores. Cada vez que hablo con un adulto, o yo hablo muy bajo o ellos se vuelven sordos de repente. 

– Eres lamentable. A no ser que tu propósito fuera ser oída por la esencia del tiempo transportado en las moléculas de aire. Porque si es así lo has logrado. – dijo Yolanda mientras se apoyaba en una balda.

– Bah, cállate. Me rindo, que se vaya cuando se quiera ir.

A todo esto la señora seguía ahí plantada, ignorante de nuestra conversación.

– De eso nada. Ahora verás. 

Antes de que pudiera reaccionar, Yolanda puso una mano en el hombro de la señora y muy seriamente le dijo:

– O te vas o te largo. Que llevas aquí mirando media hora los puñeteros libritos y mi amiga sólo quiere ver uno. ¡Uno, maldita sea!

Por un momento pensé que la señora llamaría a seguridad o que le partiría el codo con una técnica milenaria. Pero sólo le desafió con la mirada un par de segundos y finalmente dejó los libros en su sitio.

– ¡Yolanda! No puedes hacer eso, no puedes ir amenazando a la gente así de gratis.

– ¡Uy que no! 

– Bueno, por poder puedes, pero no deberías.

– ¡Hago lo que quiero! – dijo mientras se iba agitando los brazos y tirando los útiles de escuela.

Suspiré prolongadamente y me volví hacia los preciados libros. Efectivamente, el libro de Desnudos era parecido al que tenía en casa.

Fin y buenas noches.

~Blanca

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14 thoughts on “La mujer que ocupaba tres estanterías.

  1. Manolo Pineda dice:

    Es interesante. Es una estructura muy a lo “Conversaciones entre Homer y su cerebro”. Aunque aquí parece que gana el cerebro y no Homer, jejej

  2. Víctor Moreno dice:

    Cómo odio a ese tipo de gente acaparadora…. están a la altura de los que andan pisando huevos por la acera mirando el móvil, los que dejan el coche media hora en doble fila con las luces de emergencia o los viejecillos que le echan morro para colarse en Mercadona y que cuando les dices que no saltan con: ¡Vaya juventud tan maleducada!

    Me mola el royo este de tu alter ego para contar experiencias-opiniones de un modo diferente.

  3. Steph dice:

    Tu alter ego me gusta. Yolanda me gusta. Es ese ingenio de escalera que nos encantaría tener a todos. Yo soy más de meter la zarpa y que la señora se aparte, o me coma el brazo. Pero es que yo voy sin vergüenza por la vida.
    Tengo ganas de leer más, te sigo muy de cerca! 😀

  4. Polly dice:

    Uff hay señoras (y señores tambien) que saben donde colocarse delante de una estanteria para que no veas nada de lo que hay en toooooda la estanteria. Es todo un arte en el pais donde joder al projimo es un arte. Que no te dejan ver absolutamente nada y piensas: señora quitese, señora pongase a un lado o al otro, si podemos mirar las dos, señora me estorba… etc. Y no te digo nada cuando llevan refuerzos: el carrito del crío que se lo estan cuidando a la madre que está dando por saco en otra sección (porque este arte es hereditario, se lleva en la sangre) y el crio es otro consumado tocapelotas que te mira mientras intentas posicionarte, o lo que es peor, te toca las cosas que llevas y se encapricha de ellas. Uf ahi has muerto. Porque los crios de ahora tienen que tener todo lo que quieren, y la señora en cuanto se de cuenta de que el engendro del demonio esta berreando va a luchar con uñacas (de metro y medio) y dientes para que su inocente corderito (ja!) esté contento y consiga lo que quiere.

    Ves? podría ser peor.

  5. Yuhie Shepherd (@Yuhie_Art) dice:

    En el “¡Hago lo que quiero!” podía ver claramente tu imagen al lado del túnel de las Delicias corriendo en dirección contraria a mi xD De veras me gusta mucho que estés dando a conocer más tu faceta de escritora, tú y yo sabemos que tienes mucho que decir y lo dices muy bien 😉

    ¡VIVA YOLANDA!

  6. Un Servidor (@unservidor1) dice:

    “Uh un casillero ordenado por colores”
    esa frase me ha matado.
    Le doy las gracias tu “yo” de youtube por traerme aquí.
    (cuando digo “tu “yo” “, me refiero a tu “tú” pero que por razones de regreso al futuro, debo decir tu “yo” aunque algunas gentes consideren que debería ser tu “tú” del mismo modo que yo diría mi “Yo” aunque es mejor usar el “yo siempre porque, como ya he dicho, regreso al futuro manda, y creo que voy a finalizar porque esto tenía que ser un comentario dos lineas)

  7. Benja dice:

    Realmente muy bueno y divertido, es lo yo habría pensado, pero no realizado, me hace falta una Yolanda física en todo momento el que tengo en la cabeza ya esta un poco aburrido de ser ignorado, seguiré leyendo… saludos

  8. Sekioz de Niafre dice:

    Vine por lo que comentaste en el vlog pensando que esto sería mucho más agresivo (verbalmente hablando), algo así como “lo que podría haber sido si no tuviese vergüenza o miedo por el contrato social o si no considerase inútil soltarle un grandilocuente discurso lleno de sorna sutil a tal o cual energúmeno”, como intente en mis “pequeñas conversaciones anecdóticas”, “breves recuerdos de momentos que jamás existieron” (misma idea, leitmotiv opuesto), etc. pero supongo que aunque lo intentes no puedes evitar ser buena persona xD, deviniendo, a lo sumo, un tanto esquizo.

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